Hoy es un día raro, muy raro. Se supone que debería de estar preparándome para entrar a quirófano, y , cosas de la vida, estoy en el hospital de Cruces, esperando que sea mi padre quien entre en él. Anoche llamaron del centro de coordinación de transplantes, avisando de que había una donación, y compatibilidad. Es como una competición en la que por mucho que uno se esfuerce, no puede hacer nada para ganar, salvo tener mucha suerte. Por cada riñón a injertar llaman a dos posibles receptores. Así, se asegura que los riñones llegan a buen puerto. Si únicamente llamaran a un receptor por riñón, y no estuviese en condiciones de entrar a quirófano, no daría tiempo a avisar a otro receptor, de forma que el riñón no podría ser injertado. Así pues, a la ilusión de la llamada le acompañan un miedo atroz a que los médicos dictaminen que mi padre no es apto para entrar a quirófano. Y aquí estamos, esperando a los resultados de las pruebas. La última vez que estuve aquí, en esta misma sala, pasando los mismos miedos, fue el 23 de noviembre del año 2000, fecha en la que le hicieron el primer transplante. Solo espero poder acordarme igual de bien de la fecha de hoy.

Y cierro este post agradeciendo de corazón a todos los donantes anónimos su altruismo y su generosidad, gracias a ellos estamos aquí nosotros. Eskerrik asko!!!

2 thoughts on “”

  1. No ha habido suerte para nosotros, pero si para Felisa. Uno de los riñones se ha echado a perder, y el otro era demasiado pequeño como para ponérselo a un hombre de la talla de mi padre. Así pues, Felisa ahora estará en quirófano, recibiendo su regalo. Espero que tenga suerte y le vaya todo bien!!!!

    1. Hola Ana, ahora lo veo.
      vaya penilla, pero seguro que no tardará en aparecer otro! sí! :)
      y por lo menos lo que tú dices, alguien ha podido aprovechar uno. yo tengo el carnet roto por todos los sitios porque siempre va conmigo.

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