Por fin….

……ha llegado la vacuna contra la leishmaniosis canina, una enfermedad que afecta a 2,5 millones de perros en Europa y que puede ocasionar la muerte de los perros infectados.

Hasta el momento, la única forma de combatir la enfermedad era intentando evitar que los perros fuesen picados por el mosquito transmisor de la misma, pero no siempre era posible evitarlo.

En la zona norte de la península es difícil que se produzcan casos de leishmania, pues el mosquito transmisor no ha llegado aún. A pesar de que tenemos esa gran suerte, tener la vacuna a mano nos facilita mucho el poder viajar con nuestros perros a otras zonas sin miedo a que se contagien, es pues, una gran noticia para todos aquellos que viven en zonas endémicas y para todos los que gustan de viajar con sus perros.

El microchip, ese gran desconocido

Y es que mucha gente pregunta: ” y eso del “microclip”, qué es?”

Así que muchas veces nos toca explicarlo, el microchip es un implante subcutáneo, consta de una bobina de hilo de cobre codificada con un número de 15 cifras, envuelta en una cápsula de vidrio biocompatible con forma y tamaño de grano de arroz. Se coloca debajo de la piel, siempre en el lateral izquierdo del cuello, de forma que siempre sabemos dónde ir a buscarlo cuando es necesario. Todos los veterinarios habilitados tienen un lector, así como las policías municipales, ertzantza y protectoras de animales.

El código se relaciona con los datos del propietario en una base de datos del Gobierno Vasco, de forma que, una vez introducido el mismo en el buscador de la base, se tiene acceso a la información completa, desde el nombre del animal y su fecha de nacimiento hasta la dirección y el número de teléfono del propietario. Es por eso que es tan importante identificar mediante microchip a los animales de compañía, puesto que en caso de pérdida o abandono, se puede localizar al propietario.

Y como en la vida no todo es trabajar con perros y gatos, muchas veces nos toca pelear con el programa informático que gestiona las altas de los microchips, así, hay dias que dar de alta un microchip es una tarea imposible,con la burrocracia hemos topado………..

Pili y mili

Así les llamo a veces, son madre e hija, pero parecen mellizas siamesas, siempre pegadas la una a la otra, aunque a veces se enfadan y se pelean. Los fox terrier tienen mucho carácter, pero por eso mismo me gustan tanto. De izquierda a derecha, Motx y Xixa, pili y mili, las mafiosas…..tienen muchos motes.

Cuando llego a casa al mediodía me las encuentro muchas veces así, pegadas al cristal de la puerta de la cocina, esperando, y dejándolo lleno de huellas de nariz ( por no decir mocos…….)

Una paciente muy especial

Y digo  muy especial por muchas cosas. Es una perra guía, ella día a día hace que su amigo pueda moverse con libertad a pesar de la ceguera que tiene. Es increíble la profesionalidad de estos perros. Desde el primer día que entró a la clínica nos dejó asombrados a todos, pues cuando lleva el arnés de guiar, no hace caso a nada ni a nadie, ella está trabajando, y no se le puede molestar. Ahora bien, cuando le quitan el arnés, es un manojo de nervios, siempre contenta, siempre pendiente de que le demos alguna galleta, siempre atenta y contenta. Ahora ella está mal,tiene un linfoma y tiene que venir periódicamente a consulta a recibir su sesión de quimioterapia. Su familia se está volcando en ella, y, a pesar de la enfermedad, sigue guiando a diario, no se le van las ganas ni las fuerzas, y está igual de atenta que siempre, es como si no le pasara nada.

En cada sesión de quimioterapia se zampa media caja de galletas, y ni se entera de que le pongo la vía o le saco sangre, ella, tan feliz, atenta a mi mano por si cae otra galleta más, y amenazándome con un lametón en la nariz si me acerco a ver que la vía va bien.

Guía, espero que aún te zampes un buen montón de cajas de galletas, te lo mereces!!

Siete de la mañana

Un poco pasadas, subiendo a la borda, como hoy había niebla, he cogido la cámara para hacer alguna foto.Lo que veis es Urnieta-Hernani en primer plano, y al fondo Donostia. El humo que se eleva a la derecha, la papelera de Zikuñaga, que parece la fábrica de niebla.

Tres grados bajo cero, un frío pelón, solo he hecho un par de fotos, no había tiempo para más, los cuadrúpedos estaban reclamando su desayuno.

Y hoy comemos……

…..anzuelo!!!!

Pues sí, gambas, en vez de a la gabardina, al anzuelo!

No es la primera ni la última vez que en el trabajo vemos un perro que se ha tragado un anzuelo. Algunos perros van limpiando suelos por la vida, se comen todo lo que pillan, y si ven un trozo de pescado, no van a decir que no, aunque el pescado vaya con anzuelo, hilo de pita y plomo. Todo ” padentro!”. Luego llaman al teléfono de urgencias:

-“mi perro se ha tragado un anzuelo, le sale la pita por la boca!!!!!!!”

-“Tranquila señora, usted no le tire del hilo hacia afuera, y traígalo a la clínica”

Generalmente, cortamos el hilo y dejamos que el anzuelo siga su camino, hacemos una radiografía para ver por donde anda, ponemos comida rica en fibra y vamos controlando. En nueve años, nunca he visto un anzuelo quedarse atascado, todos salen, aunque cuando les dices eso a los propietarios del perro delincuente, se les ponen los ojos como platos, pero ahí está, ver para creer!!

Mi pie izquierdo

Hay días en los que me levanto con el pie izquierdo. No, no es que tenga mala suerte sino que mi pie izquierdo me recuerda, y muy de vez en cuando afortunadamente, que allá por agosto del 2008 me lo rompí. Fue de la forma más tonta, pero las consecuencias podrían haber sido muy serias. No todo aquel que se rompe el astrágalo ( si, hay un hueso que se llama así de raro) puede decir como yo, que no sufre dolores diarios.

Internet es muy útil, pero a veces se puede convertir en una tortura. Una vez que fui consciente de que tenía que pasarme los siguientes dos meses sin poder apoyar el pie en el suelo, se me ocurrió poner ” fractura de astrágalo” en el buscador, y leyendo resultados casi me muero: dolores de por vida, imposibilidad para hacer una vida normal, cirugías una detrás de otra etc…… Pero yo no tenía dolor, y el traumatólogo me decía que iba bien, así pues, decidí aparcar internet y dedicarme a la lectura. Mis amigos y familiares me traían libros y libros que devoraba uno detrás de otro, recuperé así el vicio por los libros.

Llegué incluso a hacer carreras de silla de ruedas con mis hermanos, y se me fortalecieron un montón los brazos. Lo peor? sin duda la falta de actividad, y el no poder comer todo lo que habitualmente como, pues el riesgo de coger unos cuantos kilos estaba ahí, ya me lo había avisado el traumatólogo.

El día que me quitaron la escayola casi me muero de la risa al ver mi “minipierna” atrofiada, blanca y llena de pelos ( dos meses de escayola dan mucho juego), y temblaba pensando que no podría volver a caminar con normalidad. Ahora, que ya va para cuatro años, lo recuerdo y me rio pensando que pasaba consulta con muleta, al más puro estilo House, pero los días como hoy, que me duele, solo puedo pensar que tuve mucha, mucha suerte.